Morazán y Bolivar

Teniendo como base el sitio Ecured, hoy veremos unas cuantas notas comparativas entre los principios que impulsaron a dos de los grandes Libertadores de América:

Desde principios del siglo XIX surgieron y se definieron en nuestro continente, dos visiones antagónicas sobre realidad, identidad y perspectivas de nuestros pueblos, y sobre el papel que les corresponde jugar a nuestros países en el escenario mundial. Estas dos visiones antagónicas quedaron plasmadas en los proyectos de James Monroe (1758-1831), presidente estadounidense entre 1817-1825, y del Libertador venezolano Simón Bolívar.

La visión de Monroe en su conocida Doctrina, parte del desprecio hacia la capacidad y destino del hombre y la mujer latinoamericanos, y sostiene la tesis de que le corresponde a los Estados Unidos sustituir a Europa, en las relaciones de dominación sobre el continente, adjudicándose el derecho de intervenir en los asuntos de los países latinoamericanos y caribeños. Justifica y legitima una política exterior agresiva diseñada para subyugar e intervenir a nuestras naciones. Monroe instala los pilares de una relación basada en la fuerza, el engaño y el sometimiento.

La visión bolivariana, reflejada entre muchos trabajos en la Carta de Jamaica de 1815, establece que sólo mediante la unidad, la integración, la cooperación y la solidaridad, entre las naciones latinoamericanas y caribeñas, se podrá enfrenta la amenaza de dominación, tanto de la Corona española de aquel entonces, como de las ambiciones imperiales de los Estados Unidos. Bolívar establece las bases para un pensamiento patriótico y antiimperialista, de lucha por la independencia, la soberanía y la justicia. Los sueños y las luchas de Simón Bolívar, fueron compartidos por los revolucionarios centroamericanos
Centroamérica apoyó el proyecto antifictiónico y sus emisarios al Congreso de Panamá (1825) Antonio Larrazábal y Pedro Molina, habían sido instruidos por la Asamblea Constituyente de la República Federal Centroamericana, de actuar en interés de apoyar las posiciones de Bolívar y procurar la realización de un trat ado de colaboración co n Colombia. Precisamente esta Asamblea Nacional Constituyente tomó entre sus primeros acuerdos, el 10 de enero de 1824, que un cuadro de Simón Bolívar, presidiera sus sesiones.

 

Morazán nació en el territorio de Honduras, pero igual pudiera decirse que nació en Costa Rica, en El Salvador, Nicaragua, o Guatemala, cuyas banderas llevan las franjas azul y blanca que recuerdan que entre 1824 y 1839, esos colores simbolizaron la unidad de aquellos pueblos, luego de independizarse de España y del brevísimo Imperio Mexicano.
El Libertador Simón Bolívar, nació once años antes que Morazán, en una diferente ubicación geográfica e incluso crecieron en circunstancias económico- sociales y de clase diferentes, pero ambos comprendieron la necesidad de la emancipación americana, y trabajaron por la creación de una sola patria americana. Morazán es el forjador de la lucha por la autodeterminación de nuestros pueblos frente a las potencias imperialistas extranjeras, por la integridad territorial y por el derecho de los centroamericanos a construir una nación soberana e independiente.
Pionero en subrayar la dimensión histórica y notable continuidad bolivariana, de la obra de Morazán, José Martí, sintió como ningún otro patriota de su época “la sombra de Bolívar que soñó para la América del Sur una sola nación, -la sombra de Morazán incrustando en su espada triunfante las cinco repúblicas de la América del Centro….”

“Había en Morazán, a quien los centroamericanos rinden un culto semejante al que los hijos de Hispanoamérica rinden a Bolívar, algo del empuje, del poder excelso, de la fuerza mágica, del valor resplandeciente de nuestro maravilloso héroe”, afirmaba Martí.
Morazán y los hombres que se movieron a su alrededor, se caracterizaron por desquiciar las estructuras feudales centroamericanas, haciendo de la educación un instrumento principalísimo, para forjar una sociedad democrática más justa y humana. En este sentido Morazán se iguala en grandeza con Bolívar quien nunca se detuvo frente a nada para alcanzar sus objetivos libertadores.
El concepto de la unidad centroamericana, lo empalma Morazán con un sentido bolivariano de la solidaridad de los revolucionarios. La solidaridad con los mexicanos se hizo significativa en ocasión de la frustrada aventura reconquistadora de Isidro Barradas. Desde Guatemala, el general hondureño comunicó al Secretario de Estado para las Relaciones Exteriores de México, Lucas Alamán, el ofrecimiento de todos los auxilios que podía brindar Centroamérica para sostener la independencia.
La concepción internacionalista de Morazán, se manifiesta también en sus actos más íntimos. Poco antes de ser asesinado, Morazán exhumó los restos y rindió honores al Mariscal José La Mar (1778- 1830), expresidente del Perú, fallecido en Cartago unos años antes. El héroe centroamericano había contraído el compromiso durante su exilio peruano, de enviar al país andino los restos de aquel guerrero de Ayacucho.

Martí asume para su proyecto latinoamericanista y antimperialista el ideal morazanista. Frente a la propuesta imperialista de la Conferencia “panamericana” de 1889, declara: “De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia”. Y para tal tarea, junto a Bolívar, el líder cubano se plantea la necesidad de: “Resucitar de la tumba de Morazán a Centroamérica”.

Y ahora, Usted también lo sabe.

Créditos: La Otra Honduras

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Los primeros correos y telégrafos

Seguimos con la lectura de otro de los siempre amenos libros de don Rafael Heliodoro Valle, “Memorias de Honduras”, en cuyas páginas podremos asomarnos hoy a un pasado cercano, pero que muchos de nuestros lectores y oyentes no llegaron a conocer:
La oficina de estafeta estuvo durante muchos años en casa de don José Vigil. Cuando Acaeció el asesinato del general Guardiola, un soldado salió de Comayagua a las 6 de la mañana de aquel día y a las 6 de la tarde hacía correr en Tegucigalpa la noticia; su nombre era Serafín. Era el Comandante don Pedro Xatruch.
El telégrafo fue introducido por el presidente Soto y el primer mensaje se cruzó entre éste y el presidente de Guatemala, general Justo Rufino Barrios. Los hilos telegráficos fueron llevados de dicho país. En un principio las gentes ignorantes supusieron que los alambres de Morse eran aparatos del diablo o de las brujas; y se tiene noticia de que algunos campesinos tumbaron los postes para evitar el trato con Satanás.
Durante la administración de Soto se organizó el servicio postal en toda forma, determinándose las responsabilidades del Gobierno. Anteriormente los particulares se congregaban para pagar el mensajero que conducía la correspondencia. No había carteros, sino que los interesados acudían a la oficina de estafetas en busca de las cartas. Honduras se incorporó a la Unión Postal Universal.
Las más antiguas estampillas datan de la época de Cabañas; el retrato de este prócer, lo mismo que los de Céleo Arias, José María Medina, Terencio Sierra, Manuel Bonilla, Luis Bográn y Santos Guardiola aparecen en sucesivas ediciones. (N. del C.: la primera serie de estampillas hondureñas, en verde y rosado, muestran un escudo de armas de Honduras).
El cable y sus servicios no se iniciaron por vía directa con el exterior, sino que primero los mensajes eran transmitidos por telégrafo a La Libertad, puerto de El Salvador.
El Dr. Eduardo Martínez López trazó y editó un mapa telegráfico de la República.
Y ahora, Usted también lo sabe.
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